Un ajuste quiropráctico consiste en un movimiento controlado, rápido y de baja amplitud aplicado sobre una vértebra o articulación que ha perdido su rango de movimiento normal. El objetivo es recuperar la movilidad articular y reducir la irritación sobre los nervios cercanos.
Durante el ajuste, es frecuente escuchar un pequeño chasquido. Ese sonido no es el hueso crujiendo: es simplemente la liberación de gas dentro del líquido sinovial de la articulación, el mismo fenómeno que ocurre cuando alguien se cruje los nudillos.
Los ajustes quiroprácticos están indicados para problemas relacionados con subluxaciones vertebrales: dolor de espalda, cuello, cefaleas tensionales o ciática, entre otros. No son dolorosos cuando los realiza un profesional cualificado; en la mayoría de los casos, los pacientes sienten alivio inmediato o progresivo.
Existen distintas técnicas de ajuste, algunas muy suaves y sin apenas fuerza, que el quiropráctico elige en función de cada persona y cada situación.