Entre cada dos vértebras de la columna hay un disco intervertebral: una estructura con un núcleo gelatinoso en su interior y un anillo fibroso más rígido en el exterior. Su función es amortiguar los impactos y permitir el movimiento.
Cuando ese anillo se debilita o se desgarra, el núcleo interno puede desplazarse hacia afuera. Eso es una hernia discal.
El problema aparece cuando ese material herniado presiona sobre los nervios que salen de la columna. En la zona lumbar suele provocar dolor en la parte baja de la espalda que se irradia hacia la pierna (ciática); en la zona cervical puede causar dolor de cuello con irradiación hacia el brazo.
No todas las hernias discales duelen. Muchas personas tienen hernias detectadas en una resonancia que no generan ningún síntoma. Lo que determina si hay dolor es si hay compresión nerviosa real.
Las hernias son más frecuentes entre 30 y 50 años. El sedentarismo, el sobrepeso, el tabaquismo y el trabajo físico intenso son factores de riesgo. La mayoría mejoran con tratamiento conservador, sin cirugía.